El ’38’ del Lens

El momento más asombroso de mi verano futbolístico no ha sido durante el Mundial, sino viendo un amistoso. El más colérico, en cambio, sí llegó en la cita mundialista y aún perdura en las pesadillas que tengo con las falsas pausas de hidratación. El Mundial tuvo un buen nivel y transcurrió sin desviaciones alarmantes. Llegaron a las semifinales las selecciones esperadas, se estrellaron las que se lo merecían; Mbappé, Messi, Kane y compañía se hincharon a goles y Rodri sentó cátedra para ganar el torneo. Quizás lo más sorprendente o singular fue que Noruega alcanzó los cuartos de final, que con Haaland arriba tampoco supone una rareza escandalosa. 

No sé si os gustan los partidos de pretemporada o consideráis que están desvirtuados por las cargas físicas de los equipos. A mí son partidos que me interesan porque dan mucha información y muchas pistas. Quiero saber antes de que arranque La Liga si Canales está fino después de tres años sin verle. Quiero ver los primeros amistosos de Cala con el Espanyol para intuir cómo le irá en Primera al mejor futbolista de Segunda. Quiero ver cómo pinta lo de Terzić en el Athletic, que parece que muy bien. En las pretemporadas suceden cosas interesantes, como cuando Flick probó a Gerard Martín de central el año pasado. Por ejemplo, hace años Mamardashvili jugó los primeros amistosos con el Valencia de casualidad, porque los otros dos porteros estaban lesionados. Esos partidos cambiaron su carrera.

El sábado tenía tiempo libre y 13 equipos de La Liga jugaban amistosos, así que fui saltando de uno a otro. Vi un rato al Depor, otro al Valencia, quería ver qué tal el extremo japonés, también al Betis y, ya por la noche, cuando quité YouTube (los daban en los canales oficiales de los clubes) me saltó por defecto Teledeporte, que daba el partido del Villarreal, del que ni me acordaba. Fue casualidad. Lo enganché ya entrada la segunda mitad y lo primero que vi fue que estaba Carlos Romero, el mejor lateral izquierdo de La Liga la pasada temporada, jugando más avanzado, por delante de Sergi Cardona. Curioso.

Mientras pensaba en eso tocó el balón el número 38 del Lens y ya no me pude fijar en nadie más. Ni yo, ni nadie que estuviese viendo ese partido. Qué espectáculo. Qué maravilla. Me levanté del sofá dos o tres veces y casi grité en otra cuando era un partido que ni me iba ni me venía. Cada jugada que hacía ese chico era más inverosímil. Se atrevía con todo y todo le salía bien, qué descarado era. Durante veinte minutos aquel perfecto desconocido me pareció el mejor futbolista del mundo, y no tenía ni idea ni de cómo se llamaba. Solo sabía que era el 38 del Lens. Resulta que se llama Mezian Mesloub, tiene 16 años, es portugués y cuando debutó el curso pasado con el Lens metió un gol a los quince segundos. No me extraña. En Instagram tiene 40.000 seguidores y veo en una de sus publicaciones que ha firmado su primer contrato profesional el pasado 20 de julio.

Voy a ver los highlights de los partidos del Lens cada semana. Para mí el impacto fue tremendo, a la altura de otras primeras veces con grandes futbolistas que ahora son cracks mundiales. Recuerdo que viví en el campo del City un partido de Champions de Mbappé con el Mónaco. Son esos casos que no hace falta ser entrenador de fútbol ni tener un amplio conocimiento táctico para darte cuenta de que estás viendo a un fuera de serie. De Mesloub se desprendía de la confianza en sus acciones que él mismo sabe perfectamente que está hecho de otra pasta. Por favor, que no se rompa. Si alguien puede ser una superestrella ese es Mezian Mesloub. Esta noche, cuando estén todos durmiendo, voy a buscar el partido y me lo voy a poner otra vez.

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